19 de abril de 1810 │ Venezuela inicia su Independencia

Tal día como hoy, hace 207 años, el pueblo de Caracas declaró su voluntad de no permitir que la hasta entonces Capitanía General de Venezuela continuara sometida política y administrativamente a la corona española, al iniciarse el movimiento autonomista que pondría el gobierno de Venezuela en  manos de venezolanos.

Con el ejemplo de otros movimientos independentistas como las revoluciones  norteamericana y francesa, y de antecedentes como los movimientos de José Leonardo Chirinos, Manuel Gual y José María España, así como las invasiones fallidas de Francisco de Miranda, se realizaron diversas manifestaciones a favor del rey de España, Fernando VII, a quien Napoleón Bonaparte había sometido al cautiverio.

El monarca español pidió desde su prisión que se formasen Juntas Populares para la defensa de la legalidad y la fidelidad al rey, y cuando en julio de 1808 llegó a Caracas el francés Paul de Lamanon para obtener el reconocimiento para José Bonaparte como nuevo rey de España, la reacción venezolana dio lugar a una gigantesca manifestación de unas 12.000 personas, las cuales pidieron la expulsión de Lamanon.

El 18 de abril de 1810, víspera de la revolución, el gobernador y capitán general Vicente Emparan, que había organizado inicialmente la conspiración contra los franceses, envió a algunos de los complotados a diversos sitios del país. En la noche de aquel día, quienes permanecieron en Caracas se reunieron en la residencia del médico José Angel de Alamo y se pusieron de acuerdo para aprovechar que al día siguiente, Jueves Santo, Emparan debía asistir con los miembros del Ayuntamiento a la Catedral para las ceremonias religiosas.

El acuerdo al que llegaron fue que aprovecharían tal momento para obligar a Emparan a participar en un Cabildo Abierto donde los criollos plantearían la situación y exigirían la opinión del gobernador con respecto a la situación que entonces atravesaba la corona de España.

El día 19, los partidarios de constituir una Junta se valieron del alcalde, José de las Llamozas, para convocar a un cabildo extraordinario, y Emparan convalidó el acto al  asistir al Ayuntamiento. A las 9 de la mañana, luego de varias intervenciones en apoyo o rechazo a la constitución de la Junta, Emparan intentó cortar el debate, alegando que era hora de los oficios del Jueves Santo y se encaminó con paso decidido hacia la catedral caraqueña. Cuando ya se encontraba a las puertas del templo, Francisco Salias lo detuvo enérgicamente, conminándolo a regresar al Cabildo, porque "está en juego la salvación pública".

La fuerza armada intentó arrestar a Salias, pero su jefe, el capitán Luis de Ponte, siguiendo instrucciones del Inspector General, Fernando Rodríguez del Toro, no permitió actuar a ningún oficial ni soldado, lo que aunado a la intervención del alférez real Feliciano Palacios Blanco, obligó a Emparan a devolverse al Cabildo.

Con la sala totalmente llena, en una reunión que se hacía cada vez más tormentosa, se llegó hasta el extremo de proponer al propio Emparan que presidiera la Junta que estaba por formarse, a lo cual se opuso radicalmente el canónigo José Cortés de Madariaga, sacerdote chileno que apoyaba la independencia absoluta y, ante la imposibilidad de llegar a algún acuerdo, Emparan optó por asomarse al balcón y preguntar a la multitud si querían que él siguiera gobernando.

El pueblo caraqueño, que no estaba preparado para un cambio tan repentino, contestó inicialmente que sí. Sin embargo, el canónigo Madariaga, quien intencionalmente se colocó detrás de Emparan, hizo señas al público, para que contestara que no querían al gobernador.

Cuando el pueblo empezó a proclamar "¡No, no lo queremos!", Emparan, molesto, anunció su renuncia, diciendo airadamente, "¡Pues, yo tampoco quiero mando!", lo que permitió la constitución de una Junta Suprema defensora de los derechos de Fernando VII, la cual publicó al día siguiente un Manifiesto informando lo acontecido el día anterior, y prometiendo llamar al pueblo "oportunamente a tomar parte en el ejercicio de la suprema autoridad, con proporción al mayor o menor número de individuos de cada provincia".

En los días y semanas siguientes, en la medida en que lo permitieron las comunicaciones, se sumaron al «ejemplo que Caracas dio» las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Barinas, Mérida y Trujillo. Las de Guayana, Coro y Maracaibo se incorporaron más tarde.

La Junta Suprema gobernó desde el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811. En esta última fecha se instaló el Primer Congreso de las Provincias Venezolanas, ante el cual declinó la Junta sus poderes, pasando a ser Junta Provincial de Caracas. Fue un gobierno de transición, que llevó a cabo reformas en el orden interno, tratando de unificar las provincias y reforzar su autonomía y haciendo gestiones en el exterior para obtener la solidaridad de las otras colonias, así como la ayuda y reconocimiento de las naciones extranjeras.

El carácter de este gobierno "conservador de los derechos de Fernando VII" no le permitió ir más allá de la autonomía que se había proclamado el 19 de abril, razón por la cual la Junta resolvió convocar a elecciones e instalar un Congreso Nacional que decidiera la suerte futura de las provincias venezolanas, Congreso que finalmente produciría el Acta de Independencia de Venezuela el día 5 de julio de 1811.

18 de abril de 1828 │ El Motín de Chuquisaca

Tal día como hoy, hace 189 años, el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, resultó herido en el complot de Chuquisaca, conspiración dirigida a derrocar el gobierno boliviano y asesinar a Sucre, entonces Presidente de la joven nación del Altiplano.

El autor intelectual fue Casimiro Olañeta, pero el verdadero promotor era el general peruano Gamarra quien, además de asesinar a Sucre, pretendía invadir a Bolivia con 4.000 hombres que a tal efecto situó en la localidad de Puno. La herida que recibió Sucre en Chuquisaca serviría luego para reconocer sus restos mortales perdidos.

Electo en 1827 Presidente de la nueva República de Bolivia, fundada por el Libertador, Simón Bolívar, la administración de Sucre fue ejemplar, al punto que muchos consideran que no ha sido superada, ni imitada siquiera hasta ahora, en ninguno de los Estados sudamericanos, ni aún en aquellos mejor regidos.

Sin embargo, luego de establecida la República en el Alto y Bajo-Perú, cuando los poderes públicos de las nuevas naciones se esforzaban por afianzar la libertad y hacer perdurable la independencia, las ambiciones antipatrióticas y los intereses mezquinos de aquellas localidades se desbordaron y se activó la sedición para corromper la disciplina y la moral del ejército auxiliar libertador, lo que condujo hasta el terreno fatal de la sublevación y los motines en los cuarteles.

La traición alentó el atentado, luego de lo cual Sucre renunció a la Presidencia de Bolivia, expresando al presentarse ante el Congreso:

“ … Y aunque por resultado de instigaciones extrañas llevo roto este brazo que en Ayacucho terminó la guerra de la Independencia americana y que destruyó las cadenas del Perú y dio ser a Bolivia, me conformo cuando en medio de difíciles circunstancias, tengo mi conciencia libre de todo crimen”.

Quienes ambicionaban el poder en Bolivia nunca hubieran podido aceptar el gobierno de un hombre de virtudes, justo y trabajador como Sucre, y aunque fracasaron en abril de 1828 continuaron intentando deshacerse de él, objetivo que persiguieron hasta que la vida del noble héroe fue finalmente destruida en el paso de Berruecos, el 4 de junio de 1830.

17 de abril de 1818 │ Intentan asesinar al Libertador

Tal día como hoy, hace 199 años, intentaron asesinar al Libertador, Simón Bolívar, en un sitio conocido con el nombre de Rincón de los Toros, que actualmente es una población de la Parroquia Ortíz (estado Guárico) llamada San José de Tiznados.

Bolívar se encontraba en aquel lugar con el fin de reunir sus tropas con las de Páez para enfrentar a los realistas. El coronel realista Rafael López, para impedir tal encuentro, infiltró como espíoa en el campamento de los patriotas al capitán Renovales quien, junto con 8 hombres armados, irrumpió disparando a quemarropa hacia la hamaca donde se encontraba sentado el Libertador.

Uno de los misíles pasó por encima de la cabeza del líder patriota, quien vio cómo la bala hería en el cuello al caballo donde intentaba escapar. Bolívar, amparado por la oscuridad del llano, logró huir mientras que Renovales, ante la muerte de varios hombres, incluyendo a dos de los edecanes del Libertador, creyó cumplido con éxito su vil propósito.

Inmediatamente, el español López ordenó a sus hombres atacar a las tropas revolucionarias y derrotarlas por sorpresa, en medio de la confusión y el desconsuelo, pues creían haber perdido a su líder. El mismo Simón Bolívar relataría luego los hechos ocurridos:

“Diego Ibarra (Edecán de Bolívar), regresó en aquel momento, yo estaba sentado en mi hamaca, poniéndome las botas; Santander seguía hablando conmigo; Ibarra se acostaba, cuando una fuerte descarga nos sorprende. El general Santander gritó en el mismo instante: ¡El enemigo! Los pocos que éramos nos pusimos a correr hacia el campo abandonando nuestros caballos y cuanto había en la mata. La oscuridad nos salvó, pero enseguida vino el ataque al campamento donde 900 patriotas fueron derrotados por unos 500 realistas. Me encontraba perdido en medio de la sabana”.

López murió en el ataque y Renovales quedó al mando, cantando victoria. Sin embargo, Leonardo Infante, uno de los más formidables lanceros del llano, hizo prodigios de valor aquella trágica noche. Fue él quien, en medio del desesperado combate, derribó de un disparo a un oficial español, le quitó el caballo y se lo llevó al Libertador.

“...Cuando vino hacia mí Leonardo Infante y me dio un caballo que había arrebatado a los españoles. Fue así como pude unirme a nuestras tropas”.

Bolívar se autocalificaba como "el hombre de las dificultades", pero ante las adversidades, su lema no era otro que "¡Triunfar!". De esa manera casi milagrosa salvó una vez más la vida aquella noche, y pudo continuar su victoriosa lucha por la independencia de nuestro país y de toda Nuestra América.

7 de abril │ Día Mundial de la Salud

Cada 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, que constituye una oportunidad anual para llamar la atención del mundo hacia uno de los temas claves de la humanidad.

La fecha fue escogida por haber sido la misma de la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ocurrida en 1948. Esta organización trabaja para mejorar la salud física y mental de los individuos; emprender campañas contra enfermedades y hacer hincapié en la necesidad de que todos los países establezcan sistemas que tengan como fin ayudar a prevenir, conservar o restituir la salud.

El tema del Día Mundial de la Salud de 2017 es la depresión, y con la campaña "Depresión; hablemos", la OMS intenta difundir conciencia en las personas en torno a este padecimiento que afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales en todos los países.

Se trata de una condición que provoca angustia mental y afecta la capacidad de las personas para llevar a cabo incluso las tareas cotidianas más simples, lo que tiene en ocasiones efectos nefastos sobre las relaciones con la familia y los amigos, así como sobre la capacidad de ganarse la vida.

En los casos más extremos, la depresión puede provocar el suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte en el mundo entre las personas de 15 a 29 años de edad.

No obstante, la depresión se puede prevenir y tratar. Una mejor comprensión de qué es y cómo puede prevenirse y ser tratada, puede contribuir a reducir la estigmatización asociada a esta enfermedad y posibilitará que aumente el número de personas que piden ayuda al enfrentar los síntomas de la depresión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tal día como hoy, hace 214 años, murió el político y militar haitiano François Dominique Toussaint Loverture, el más destacado dirigente de la Revolución Haitiana, de finales del siglo XVIII .

Nacido en condición de esclavo el 20 de mayo de 1743 en La Española (actual República Dominicana), en la provincia del Norte, cerca de Cap-Français, a los 33 años fue liberado, según consta en los archivos coloniales y, al estallar la Revolución Francesa y conocerse la noticia en La Española, el ansia de libertad y de cambio de estatus tomó idea entre los pequeños propietarios negros, así como entre los esclavos que eran la mayoría de la población.

En agosto de 1791 se produjo la sublevación de la parte francesa de La Española, comandada por el jamaiquino Boukman, a los cuales se unió Toussaint, convirtiéndose en el Edecán de Georges Biassou, líder de los esclavos que se refugiaron en la parte española de la isla y se aliaron con los españoles en 1793 para expulsar a los franceses.

Dirigió una tropa de más de tres mil soldados, logrando varias victorias, y a partir de esa actuación meritoria se le apodó L`Ouverture (El Iniciador). El 29 de agosto de 1793 se proclamó líder de sus hermanos de raza y los llamó al combate por su libertad. Un año después volvió a las armas contra sus aliados españoles y los derrotó en múltiples oportunidades.

En 1796 dirigió un ejército de 51 mil soldados, y acentuó la lucha esta vez contra los británicos, quienes el 31 de agosto de 1798 dejaron la isla. Tratando de alcanzar la unificación del territorio, invadió y conquistó en enero de 1801 la parte española, pero debido al Tratado de Basilea, que puso fin al conflicto franco-español, la isla pasó toda a dominio francés.

Un ejército de 25 mil soldados, al mando del General Leclerc, fue enviado por Napoleón para enfrentar a los rebeldes, y el 7 de junio de 1802 Toussaint fue capturado por los franceses y enviado a Francia con su familia. Fue encarcelado en el Fort de Joux en las montañas de Jura, donde murió al año siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace 195 años se libró en la falda occidental del Volcán Galeras, Nariño (Colombia) la Batalla de Bomboná, combate dirigido magistralmente por el Libertador, Simón Bolívar, quien al mando de 3000 soldados enfrentó a un ejército realista compuesto por 2000 hombres dirigidos por el Coronel Basilo Antonio García y Velasco.

El jefe realista, quien había tomado una posición defensiva en las alturas del Volcán, esperaba a las tropas del Libertador, ante lo cual Bolívar ordenó al Batallón Rifles, comandado por el General Manuel Valdés, atacar por la derecha, mientras tanto el General Pedro León Torres atacaba frontalmente a las líneas defensivas enemigas.

Horas después, tras un cruento combate donde se destacó especialmente Pedro León Torres, quien con una carga contundente de caballería logró dispersar a los realistas, se decidió la batalla a favor de los patriotas.

Esta batalla es considerada como una de la más sangrientas de la Independencia, y tuvo mucho valor estratégico, pues evitó que el Coronel Basilio García y sus tropas se desplazaran a Quito para auxiliar a Aymerich, lo que quizás hubiera cambiado posteriormente el resultado de la decisiva Batalla de Pichincha.

El combate de Bomboná dio la libertad al actual Departamento de Nariño y, junto con la victoria de Pichincha, determinó que se ampliara la noción de patria para Bolívar, pues para el gran héroe la patria iba desde el Orinoco hasta el Pacífico, desde Panamá hasta lo más alto de los Andes, una visión que englobó un territorio que comprendía las actuales Repúblicas de Colombia, Ecuador y Venezuela.

6 de abril de 1876 │ Se ordena la construcción del Teatro Municipal de Caracas

Hace 141 años, el entonces Presidente de Venezuela, Antonio Guzmán Blanco, ordenó la construcción del Teatro Municipal de Caracas.

Seis meses después, su sucesor, Francisco Linares Alcántara, suspendió el proyecto, de modo que sería el mismo Guzmán Blanco, al retornar al poder, quien reiniciaría la obra en 1880, inaugurándola al año siguiente con el nombre de Teatro Guzman Blanco.

La infraestructura fue construida por el arquitecto francés Esteban Ricard, y sería completada a partir de 1879 por el venezolano Jesús Muñoz Tébar. En la actualidad lleva el nombre de Teatro Municipal de Caracas Alfredo Sadel, el cual fue declarado Monumento Histórico Nacional el 16 de febrero de 1979.