Tal día como hoy, hace 207 años, el pueblo de Caracas declaró su voluntad de no permitir que la hasta entonces Capitanía General de Venezuela continuara sometida política y administrativamente a la corona española, al iniciarse el movimiento autonomista que pondría el gobierno de Venezuela en  manos de venezolanos.

Con el ejemplo de otros movimientos independentistas como las revoluciones  norteamericana y francesa, y de antecedentes como los movimientos de José Leonardo Chirinos, Manuel Gual y José María España, así como las invasiones fallidas de Francisco de Miranda, se realizaron diversas manifestaciones a favor del rey de España, Fernando VII, a quien Napoleón Bonaparte había sometido al cautiverio.

El monarca español pidió desde su prisión que se formasen Juntas Populares para la defensa de la legalidad y la fidelidad al rey, y cuando en julio de 1808 llegó a Caracas el francés Paul de Lamanon para obtener el reconocimiento para José Bonaparte como nuevo rey de España, la reacción venezolana dio lugar a una gigantesca manifestación de unas 12.000 personas, las cuales pidieron la expulsión de Lamanon.

El 18 de abril de 1810, víspera de la revolución, el gobernador y capitán general Vicente Emparan, que había organizado inicialmente la conspiración contra los franceses, envió a algunos de los complotados a diversos sitios del país. En la noche de aquel día, quienes permanecieron en Caracas se reunieron en la residencia del médico José Angel de Alamo y se pusieron de acuerdo para aprovechar que al día siguiente, Jueves Santo, Emparan debía asistir con los miembros del Ayuntamiento a la Catedral para las ceremonias religiosas.

El acuerdo al que llegaron fue que aprovecharían tal momento para obligar a Emparan a participar en un Cabildo Abierto donde los criollos plantearían la situación y exigirían la opinión del gobernador con respecto a la situación que entonces atravesaba la corona de España.

El día 19, los partidarios de constituir una Junta se valieron del alcalde, José de las Llamozas, para convocar a un cabildo extraordinario, y Emparan convalidó el acto al  asistir al Ayuntamiento. A las 9 de la mañana, luego de varias intervenciones en apoyo o rechazo a la constitución de la Junta, Emparan intentó cortar el debate, alegando que era hora de los oficios del Jueves Santo y se encaminó con paso decidido hacia la catedral caraqueña. Cuando ya se encontraba a las puertas del templo, Francisco Salias lo detuvo enérgicamente, conminándolo a regresar al Cabildo, porque "está en juego la salvación pública".

La fuerza armada intentó arrestar a Salias, pero su jefe, el capitán Luis de Ponte, siguiendo instrucciones del Inspector General, Fernando Rodríguez del Toro, no permitió actuar a ningún oficial ni soldado, lo que aunado a la intervención del alférez real Feliciano Palacios Blanco, obligó a Emparan a devolverse al Cabildo.

Con la sala totalmente llena, en una reunión que se hacía cada vez más tormentosa, se llegó hasta el extremo de proponer al propio Emparan que presidiera la Junta que estaba por formarse, a lo cual se opuso radicalmente el canónigo José Cortés de Madariaga, sacerdote chileno que apoyaba la independencia absoluta y, ante la imposibilidad de llegar a algún acuerdo, Emparan optó por asomarse al balcón y preguntar a la multitud si querían que él siguiera gobernando.

El pueblo caraqueño, que no estaba preparado para un cambio tan repentino, contestó inicialmente que sí. Sin embargo, el canónigo Madariaga, quien intencionalmente se colocó detrás de Emparan, hizo señas al público, para que contestara que no querían al gobernador.

Cuando el pueblo empezó a proclamar "¡No, no lo queremos!", Emparan, molesto, anunció su renuncia, diciendo airadamente, "¡Pues, yo tampoco quiero mando!", lo que permitió la constitución de una Junta Suprema defensora de los derechos de Fernando VII, la cual publicó al día siguiente un Manifiesto informando lo acontecido el día anterior, y prometiendo llamar al pueblo "oportunamente a tomar parte en el ejercicio de la suprema autoridad, con proporción al mayor o menor número de individuos de cada provincia".

En los días y semanas siguientes, en la medida en que lo permitieron las comunicaciones, se sumaron al «ejemplo que Caracas dio» las provincias de Barcelona, Cumaná, Margarita, Barinas, Mérida y Trujillo. Las de Guayana, Coro y Maracaibo se incorporaron más tarde.

La Junta Suprema gobernó desde el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811. En esta última fecha se instaló el Primer Congreso de las Provincias Venezolanas, ante el cual declinó la Junta sus poderes, pasando a ser Junta Provincial de Caracas. Fue un gobierno de transición, que llevó a cabo reformas en el orden interno, tratando de unificar las provincias y reforzar su autonomía y haciendo gestiones en el exterior para obtener la solidaridad de las otras colonias, así como la ayuda y reconocimiento de las naciones extranjeras.

El carácter de este gobierno "conservador de los derechos de Fernando VII" no le permitió ir más allá de la autonomía que se había proclamado el 19 de abril, razón por la cual la Junta resolvió convocar a elecciones e instalar un Congreso Nacional que decidiera la suerte futura de las provincias venezolanas, Congreso que finalmente produciría el Acta de Independencia de Venezuela el día 5 de julio de 1811.