Gobierno Bolivariano

Tal día como hoy, hace 203 años, murió el ilustre militar venezolano, General en Jefe y prócer de la Independencia de Venezuela, José Félix Ribas, quien se destacó en numerosas acciones durante la Guerra de Independencia, siendo la más importante la Batalla de La Victoria (12 de febrero de 1814), en donde logró parar a las fuerzas realistas de José Tomás Boves, a quien hizo frente con unas tropas poco experimentadas, formadas principalmente por jóvenes estudiantes y seminaristas que Ribas había logrado reclutar y a quienes arengó momentos antes de la lucha con palabras justamente famosas: “No podemos optar entre vencer o morir, necesario es vencer”.

Ribas fue capturado por los realistas en los alrededores de la ciudad de Valle de la Pascua. El Justicia Mayor de Tucupido, Lorenzo Figueroa Barrajola, quien reclamó al prisionero como suyo, ordenó su muerte el 31 de enero de 1815, por lo que en medio de grandes vejaciones fue trasladado a la Plaza Mayor de Tucupido, en donde fue fusilado.

Al pie de un árbol, a escasos metros de la mencionada plaza, su cuerpo fue desmembrado, y la cabeza frita en aceite fue enviada a Caracas donde, cubierta con el gorro frigio que solía usar Ribas, la colocaron en la Puerta de Caracas dentro de una jaula en el camino para La Guaira. Sus brazos y piernas fueron colocados en los cuatro puntos cardinales del pueblo en represalia contra los revolucionarios patriotas.

 

 

 

 

 

Hace 182 años murió Pedro Carujo, quien fuera militar, periodista y uno de los jefes de la Revolución de las Reformas de 1835.

Carujo participó bajo las órdenes del general José Francisco Bermúdez, en las campañas de Caracas y Santa Lucía. Con el grado de capitán, se distinguió en la toma de Maracaibo, resultando herido en combate, por lo que se trasladó a Nueva Granada. Estando en Bogotá, estudió matemáticas y geometría analítica, formando parte, además, de los círculos intelectuales agrupados en diversas sociedades literario-filosóficas de la capital neogranadina, lo cual lo llevaría a ingresar a la masonería, donde alcanzó el grado 18.

Desempeñándose como ayudante del Estado Mayor del departamento de Cundinamarca, fue ascendido a comandante y seleccionado por Simón Bolívar para presidir la Escuela Militar que se fundó en Bogotá. Sin embargo, se unió a los partidarios del vicepresidente Francisco de Paula Santander, que perpetraron el atentado del 25 de septiembre de 1828 contra la vida del Libertador. Por tal motivo, fue condenado a muerte, salvando su vida sólo por un indulto concedido por el Consejo de ministros.

Su tiempo en prisión lo dedicó además de abogar por su libertad, escribiendo, entre otros, al general José Antonio Páez, así como a publicar artículos y cartas que influyeron en el pronunciamiento separatista de Puerto Cabello, conocido como La Cosiata.

Deportado a Curazao a comienzos de junio de 1830, una amnistía general decretada por Páez le permitió regresar a territorio venezolano, donde fue herido y capturado en la batalla de Paso Real, cerca de Puerto Cabello. La sentencia que le fue impuesta no se cumplió pues falleció en la cárcel de Valencia, a causa de las heridas sufridas en combate.