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Tal día como hoy, hace 59 años, nació en Tum (Uspantán, Guatemala) Rigoberta Menchú, líder indígena y miembro del grupo mayaquiché, defensora de los derechos humanos y embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, cuya labor ha sido reconocida con el Premio Nobel de la Paz y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

Varios miembros de su familia, incluida su madre, fueron torturados y asesinados por los militares o por la policía paralela, los llamados "escuadrones de la muerte". Su padre murió en 1980 junto con un grupo de campesinos que se encerró en la embajada de España en un acto de protesta, cuando la policía incendió el local y quienes estaban dentro del mismo fueron quemados vivos.

Mientras sus hermanos optaban por unirse a la guerrilla, Rigoberta Menchú inició una campaña pacífica de denuncia frente al régimen guatemalteco y ante la sistemática violación de los derechos humanos a que eran sometidos los campesinos indígenas. Asumió para ello la ideología del cristianismo revolucionario, la "teología de la liberación".

Para escapar a la represión se exilió en México, donde publicó su autobiografía en 1983. Recorrió el mundo dando a conocer su historia y llevando su mensaje de justicia, consiguiendo ser escuchada en las Naciones Unidas. En 1988 regresó a Guatemala, protegida por su prestigio internacional, para continuar denunciando los abusos y violaciones. En 1992, la labor de Rigoberta Menchú fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz, coincidiendo con la celebración oficial del quinto centenario del descubrimiento de América, conmemoración a la que Rigoberta se opuso pues, tal como fue concebida originalmente, desde la óptica del eurocentrismo, ignoraba las dimensiones trágicas que aquel hecho tuvo para los indios americanos.

En 1998, junto con otras líderes del mundo, fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, debido a su trabajo en favor de la defensa y la dignificación de la mujer. En 2006 participó como embajadora de "Buena Voluntad" de la UNESCO, y desde 2004 apoya la labor y el compromiso de la Fundación Comparte.