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Tal día como hoy, hace 127 años, falleció en Caracas el artista plástico Cristóbal Rojas, quien está considerado, junto con Arturo Michelena, como uno de los más importantes pintores del siglo XIX venezolano.

Nacido en Cúa (estado Miranda) en 1858, fueron sus padres el médico Cristóbal Rojas y Alejandra Poleo. Sus primeros estudios los realizó bajo la tutela de su abuelo José Luis Rojas, quien estimuló su vocación para el dibujo.

El fallecimiento de su padre en 1870, habiendo sido el hijo primogénito de la familia, le colocó en la necesidad de entrar a trabajar en una fábrica de tabaco para ayudar económicamente a su familia (1870). Debido al terremoto que en 1876 asoló la región, Cristóbal y su familia se dirigieron a Caracas, en donde, no obstante las dificultades económicas, prosiguió sus estudios de pintura.

En 1881 realizó sus primeros óleos Ruinas de Cúa y Ruinas del templo de la Merced, los cuales representan el desastre sufrido por su pueblo natal en 1876. Ese mismo año conoció al pintor a Antonio Herrera Toro, quien le ofreció un trabajo como ayudante en la decoración de la catedral de Caracas.

En 1883, en el Salón conmemorativo del Centenario del nacimiento del Libertador, su lienzo La muerte de Girardot en Bárbula le hizo merecedor, junto a Arturo Michelena, de la medalla de plata. Ese mismo año viajó a París, donde siguió estudios con Jean Paul Laurens, gracias a una pensión de 50 pesos mensuales que el gobierno le confirió para que continuara su formación.

Ya en la ciudad luz, Rojas trabó amistad con el también pintor Emilio Boggio, e inspirado en las obras que fue descubriendo durante sus visitas al museo de Louvre, se propuso alcanzar la maestría de los clásicos y realizó lienzos de gran formato para participar en el Salón Oficial de París, aunque sus trabajos, en los cuales invertía todo su tiempo, no le dejaban satisfecho ni le reportaban el éxito que esperaba.

A esta época pertenecen obras como La miseria y El violinista enfermo (1886), La taberna (1877), El plazo vencido (1887), Primera y última comunión (1888), El bautizo (1889).

A partir de esta última obra se produjo un giro estilístico en su pintura, notándose una percepción más aguda de la atmósfera cromática, distanciándose de los sombríos acentos del claroscuro de los holandeses. Tal tendencia se aprecia en Dante y Beatriz a orillas del Leteo (1889), obra de corte simbolista donde es evidente la influencia de los nabis, que Boggio le había hecho comprender.

En 1889, Rojas abandonó la pintura de efectos dramáticos y abordó el paisaje y la figura, con un colorido próximo al de los impresionistas. En 1890, ya minado por la tuberculosis, hubo de regresar a Venezuela, toda vez que su pensión había sido suspendida en 1887. Entre las obras que trajo consigo, figuraban El Purgatorio (1890), la cual había sido encargada por el Cabildo Eclesiástico y un retrato del presidente Juan Pablo Rojas Paúl.

Cristóbal Rojas, falleció en Caracas al poco tiempo de su regreso al país, el 8 de noviembre de 1890. La actual Escuela de Artes Plásticas de Caracas lleva su nombre. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 27 de diciembre de 1958.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace 100 años el acorazado Aurora de la armada rusa se sublevó frente al gobierno provisional, apuntando sus cañones hacia el Palacio de Invierno para apoyar a las fuerzas bolcheviques, y determinó el rumbo de las Fuerzas Armadas en la Revolución de Octubre.

Mientras eso sucedía, en Moscú, los comisarios del pueblo le dieron autoridad a Vladimir Lenin, León Trotski y Iósif Stalin.

La Revolución de Octubre, o Revolución bolchevique, fue la continuación de la Revolución rusa de 1917, luego de la Revolución de Febrero. La fecha de octubre corresponde al calendario juliano vigente en la Rusia zarista, que sería abolido por la Revolución. Bajo el calendario gregoriano, las fechas pertenecen al mes de noviembre.

Bajo la dirección de Vladimir Lenin, la Revolución de Octubre significó la primera revolución socialista declarada del siglo XX. Las actividades revolucionarias en Petrogrado estuvieron comandadas por el Comité Militar Revolucionario, el cual era formalmente una organización del sóviet de la capital, cuyo presidente era León Trotski, aunque virtualmente estaba controlado por los bolcheviques.

La revolución culminó con una insurrección militar-popular que derribó al gobierno provisional, y condujo a una guerra civil entre 1918 y 1920, así como a la posterior creación de la Unión Soviética en 1922.