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Tal día como hoy, hace 37 años, falleció en Caracas César Nerio Rengifo Cadenas, exponente de las artes plásticas, el teatro y el muralismo, uno de los más importantes artistas venezolanos del siglo XX.

Nacido en Caracas el 14 de mayo de 1915, comenzó su formación desde 1929, cuando sólo contaba con 14 años, en la Academia de Bellas Artes, donde aprendió técnicas de dibujo, pintura y escultura, al tiempo que trababa conocimiento y compartía experiencias con otros grandes creadores de su generación como Pedro León Castro, Ventura Gómez y Pedro Blanco.

Durante el régimen dictatorial impuesto en Venezuela por Juan Vicente Gómez, Rengifo, un hombre sensible y consciente, vinculado con el pueblo y el sentir de los más necesitados, inició su participación en el campo político, emprendiendo su lucha por la justicia social y las ideas socialistas y adscribiéndose al Partido Comunista de Venezuela (PCV) desde su fundación, en 1931.

Tras recibir su título en la Academia, partió a Chile con el propósito de proseguir superiores gracias a una beca, pero decidió rechazar aquel beneficio para emprender un nuevo viaje hacia México, donde se afilió al partido comunista de ese país. Mientras trabajaba en la producción y distribución de afiches y volantes de propaganda, conoció y se involucró con el muralismo mexicano, corriente de la cual aprendería técnicas que luego emplearía en murales que aún se exhiben en Caracas.

Regresó a Venezuela, donde inició su trayectoria como dramaturgo y director teatral, con obras con contenido social basadas en temas como la represión, la pobreza, la lucha por la independencia, la explotación del hombre por el hombre y la resistencia indígena. Entre sus obras escénicas destacan Apacuana y Cuaricurián, ¿Quién se robó esa batalla?, Porque canta el pueblo, Vivir en paz y Lo que dejó la tempestad, entre muchas otras.

Tras su muerte dejó un importante legado cultural que resalta los valores de la venezolanidad, y su nombre figura de manera indeleble en nuestro ideario nacional, siendo objeto frecuente de reconocimientos y designaciones tanto de lugares emblemáticos como de movimientos culturales bautizados en su honor.

En tal sentido, es de destacar el Movimiento Nacional de Teatro César Rengifo, creado en 2013 por el presidente de la República, Nicolás Maduro, con el fin de lograr que la cultura sea un instrumento para sembrar valores de solidaridad,  respeto y amor a la patria entre los niños, niñas y jóvenes venezolanos para construir una sociedad de paz, tal como la soñó Rengifo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tal día como hoy, hace 56 años, falleció en Barquisimeto (estado Lara), la misma ciudad en la que viniera al mundo en 1884, el pintor venezolano Rafael Monasterios. 

Su tema preferido fue el paisaje, en el cual supo plasmar la fuerza y el carácter de la naturaleza de nuestro país, dándole menor importancia a las figuras humanas y animales en sus cuadros.

En 1908 inició el curso de pintura de la Academia de Bellas Artes de Caracas. En 1911 viajó a España para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona, donde permaneció hasta 1914, cuando regresó a Barquisimeto forzado por la I Guerra Mundial.

Volvería a España 14 años más tarde. En 1919 expuso junto a Armando Reverón en el Club Venezuela de Caracas, donde también ofrecería su primera muestra individual años más tarde, en 1927.

Monasterios incluyó entre sus motivos al Avila, con el que ya otros artistas, como Manuel Cabré, se extasiaban; pero continuó pintando también paisajes de su tierra natal.

Además de las exposiciones en Barquisimeto y Caracas, Monasterios participó en salones internacionales como el de París, donde obtuvo medalla en 1937. Expuso en España, Bogotá y Nueva York. En 1954 representó a Venezuela en la Bienal de Venecia.

Ya en 1941 había ganado el Premio Oficial de Pintura en el II Salón de Arte Venezolano, y conquistó otros galardones hasta que en 1959 obtuvo el Premio Armando Reverón. Desde ese año la Escuela de Artes Plásticas de Maracaibo adoptó su nombre.

Rafael Monasterios desarrolló además una larga e importante labor docente. La Escuela de Artes Plásticas de Barquisimeto que hoy lleva su nombre, fue fundada por él en 1937.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada 2 de noviembre se celebra el día de los Fieles Difuntos, festividad cuyos orígenes encontramos en México, donde se realizaba ya mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos, y que en el transcurso del tiempo se ha extendido hacia otras latitudes americanas.

El Día de los Fieles Difuntos ha sido declarado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, ya que está considerado entre "las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país".

Venezuela se encuentra entre las naciones que celebran este día, en el que la población se dispone desde horas tempranas de la mañana a adquirir ramos de flores para adornar las tumbas de sus seres queridos. Éstas son engalanadas con diferentes tipos de flores, en la creencia de que ellas atraen y guían a los difuntos. También se utilizan lápidas, velones e imágenes de santos.

En las iglesias católicas se recitan misas en honor a los difuntos durante este día de recogimiento. Durante él se recuerda a los difuntos y generalmente se asiste al cementerio para rezar por los familiares que ya no están; no hay ritos o fiestas importantes, sino que se trata de apartar un tiempo en la privacidad del hogar para recordar a quienes ya se han ido. También se aprovecha para limpiar y adornar las tumbas.

De acuerdo con la declaración de la UNESCO, este día representa “ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, que desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad...".

En otras partes del continente, como en México, sí se realizan fiestas y se colocan altares en las casas, donde se les ofrece comida y bebidas a quienes ya no están físicamente. Dichos altares generalmente se dividen en tres niveles que simbolizan la tierra, el purgatorio y el cielo. Además, si el difunto creía en algún santo se colocan las imágenes del mismo a manera de protección, objetos personales del occiso, un puñado de tierra para recordar el hecho de que “polvo somos y al polvo hemos de volver”, así como incienso, que representa las oraciones que se elevan al cielo, y el cual creían tanto los aztecas como los mayas que manifestaba el contacto entre el cielo y la tierra.