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El 26 de septiembre es el Día Internacional de las Personas Sordas, fecha destinada a crear conciencia en torno a la necesidad de que exista igualdad de oportunidades y aumente la inclusión social de quienes tienen dificultad o imposibilidad de usar el sentido del oído debido a una pérdida de la capacidad auditiva parcial o total.

Existen básicamente dos tipos de sordera. La sordera parcial se manifiesta cuando la persona tiene una leve capacidad auditiva (hipoacusia) y puede usar un aparato auditivo para mejorar su audición, pero no está obligada a hacerlo. En el caso de la sordera total o completa, la persona afectada no oye absolutamente nada. Esta condición puede ser un rasgo hereditario o consecuencia de una enfermedad, traumatismo, exposición a largo plazo al ruido, o medicamentos agresivos para el nervio auditivo.

La contaminación acústica es una de las mayores agresiones para la salud de los oídos en cualquier sociedad, pues el exceso de ruido daña las funciones auditivas y puede provocar hipoacusia. Fuera del ámbito laboral, los sonidos del tráfico y las obras, los locales con música muy alta y el mal uso de los equipos musicales con auriculares, son algunas de las otras causas de la pérdida auditiva que ha dejado de estar asociada a las personas mayores.

Para comprobar el grado de sordera de una persona se hace una prueba de audiometría, de manera que quien padece de sordera puede tener problemas en la percepción correcta de la intensidad (decibelios) o de la frecuencia (hertzios) de sonidos relacionados con el lenguaje oral, y es frecuente que se den resultados diferentes para cada oído. La pérdida de la capacidad auditiva generalmente se describe como leve, benigna, moderada, severa o profunda, dependiendo de dicha prueba. Generalmente, cuando una persona cuya pérdida de la capacidad auditiva supere a los 90 dB, se considera entonces persona sorda.